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ENTREVISTA / FERNANDO GAGO
CLASICO & MODERNO


Con sólo 19 años, el volante de Boca fue una de las revelaciones de 2005. Se adueñó de un puesto difícil y acaparó los elogios de sus ídolos, Redondo y Maradona. Aguerrido pero sin resignar elegancia, cree que ya dejó atrás la etapa de ser una promesa, pero aún no logra caer en este presente.

Imaginense una tipica tarde en Punta Mogotes. Cae el sol y comienza el éxodo de turistas. Al ruido del mar lo tapa el de las reposeras que se pliegan en masa, mientras el viento ya sopla sin peajes. Es el momento en que un ejército de jugadores nómades comienza a patrullar en busca de algún picadito que esté a punto de armarse. Y claro, siempre falta uno. “Dale, búsquense a uno así arrancamos de una vez, che. Si no, largamos así como estamos, eh”, presionan los dueños de la bola, a la espera de que aparezca algún tronco que no complique la victoria segura.
¿Pero y si el primero que apareciera fuera Fernando Gago, paséandose sin rumbo por la orilla? Ni el más optimista podría soñar con que el exquisito cinco de Boca sea quien se sume a este partido hipotético. Sería robo, seguro que se gambetearía hasta a las gaviotas que picotean las miguitas abandonadas por ahí, todo a ritmo de samba... Generaría el mismo impacto que Pamela Anderson con su diminuto traje de Baywatch. ¿No?
Hmmm... Wrong, diría Pamela. Nunca hay que festejar de antemano. Porque Gago respondería a la invitación con una frase capaz de hacer retroceder el mar y generar un tsunami que barra con todas las ilusiones creadas. “Dale, pero mirá que en la arena, yo atajo”. ¿Ehhh?
“Sí, sí, en la arena, atajo”, explica, sacudiéndose cualquier rasgo carioca que uno pretenda estamparle. “No puedo jugar en la playa, te juro. Ni siquiera en la arena mojada. No soporto jugar descalzo. No puedo, no puedo, en serio. Eso sí, arquerazo, ¿eh?” Este Gago que no juega en la playa es el mismo que sí juega en la Boca. Que marca, que quita, que toca y distribuye con fluidez. Es un organizador con todas las letras, que con su estilo limpio, sencillo y rápido potencia cualquier jugada del equipo de Basile. Un cinco como los de antes, dirán algunos. Es también un volante que irradia verticalidad, con llegada, asistencia, empuje, que marca pero obliga a que lo marquen. Un cinco moderno, dirán otros.
“De los cinco de ahora me gusta mucho Patrick Vieira. Me encanta, tiene un físico que te mata, no podés pasar, juega bien, llega al gol, es terrible. Cambiasso también es un gran jugador”.

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Tapa agosto
Octubre 2005